TODO PASA

“A veces el mundo parece complicado, un puzzle que no entiendes hasta que aparece la pieza definitiva Albert Espinosa (Si tú me dices ven lo dejo todo… pero dime ven)

Hay imágenes que provocan algo en nuestro interior que nos remueve por dentro, otras nos sugieren cosas o nos recuerdan momentos vividos por nosotros mismos o por gente que conocemos. Las fotografías tienen la capacidad de producirnos sentimientos de todo tipo, algunas nos serenan, otras nos entristecen, nos angustian, nos divierten, nos fascinan por su belleza o nos sobrecogen por lo que vemos en ellas.

Hace unos meses una amiga plasmó este instante con su cámara. Se lo pedí prestado para escribir algo sobre ella y este fue el resultado. Anoche escuché esta canción de Sixto Rodríguez y me pareció que quedaría perfecta como banda sonora de la imagen.

Ventana

Fotografía de Lidia Sanz Fraile

                                                     

La puerta se ha cerrado.

Y ahí, tras mi ventana particular,

observo esta escena cargada de sentimientos

que reposan en silencio.

La tormenta va desapareciendo, 

dando paso a un cielo

que irradia un brillo especial.

Comienza a colorearse el ambiente

con un tímido arcoíris

que poco a poco atravesará mi corazón.

Te digo adiós con pena,

pero la tranquilidad de la imagen,

me serena, me calma.

Todo pasa.

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LOS DOMINGOS DE ESTACIÓN

Los domingos se han convertido para mí en el día de las estaciones y las despedidas. A pesar de la pena que lleva implícita esto, lo cierto es que hay algo en el ambiente de las estaciones que me llama mucho la atención y me encanta. Son, sin duda, lugares singulares en los que un sinfín de comportamientos y de sentimientos opuestos conviven en perfecta armonía.

Si nos paramos un momento a observar lo que ocurre a nuestro alrededor, podemos ver en un mismo instante a un individuo rebosante de felicidad porque acaba de encontrarse con alguien al que esperaba anhelante, y a su lado, casi rozándose, las lágrimas y el desconsuelo de otro que se abraza a alguien que tiene que partir, dejándolo casi sin aliento, como si absorbiera mediante ese abrazo parte de su esencia para guardarla en un frasquito dentro de su corazón.

Hay riñas y enfados – los viajes suelen alterarnos un poco –, nervios y tranquilidad, gente que vocea, otra que se concentra en la lectura mientras espera que anuncien su tren. Algunos que llegan tarde, otros que se aburren porque han llegado demasiado pronto y no ven el momento de marcharse.

Resulta llamativo el contraste de la gente que corre y tiene prisa con la lentitud del tren cuando entra en la estación o cuando se va. La sensación de algunos de abandonar la ciudad, de dejar atrás muchas cosas y a muchas personas, con pena – tal vez con alegría, nunca se sabe –, en contraposición de aquellos que regresan o que vienen por primera vez, cargados de ilusiones y esperanzas, también de miedos.

Curiosamente, en estos sitios uno puede llorar sin que nadie le mire extrañado, cada cual imaginará una razón diferente para esas lágrimas, pero no le juzgarán. Lo más probable es que le dejen llorar a gusto, sin preguntas. Allí se crean enormes burbujas de soledad a pesar de estar siempre atestadas de gente.

Las estaciones tienen algo que las hace especiales, guardan millones de historias, son testigo de los besos más apasionados, de los más tristes, de besos desesperados, inocentes, tiernos, de los que se dan por compromiso, de besos educados, de besos irreverentes… Incluso de los besos que no se dan y que se pierden entre las vías cuando uno ve alejarse al último vagón, cuando ya no hay vuelta atrás y el momento se ha perdido.

Lugares de encuentros y despedidas que cada día dan la bienvenida y dicen adiós a miles de personas. Algunas no repararán nunca en toda la magia que desprenden, otras sin embargo, a pesar de la tristeza, disfrutaremos de la multitud de sensaciones que el momento nos ofrece. Porque la vida no es solo cuestión de mirar, sino de “ver” lo que tenemos delante.

SEPTIEMBRE, EL PRINCIPIO

Aunque siempre se dice que el 1 de enero es el día de comenzar con los propósitos para el año nuevo, para mí es septiembre el mes en el que uno debe empezar los proyectos. Iniciar el curso, como cuando éramos pequeños, cuando esa mezcla de ingenuidad e ilusión nos hacía tremendamente felices y libres, aunque en ese momento no fuéramos conscientes de ello.

Llevo años escribiendo, pero nunca he tenido el valor suficiente para compartir con los demás una de las cosas que más me gusta, más me llena y más me tranquiliza en esta vida. Entre mis retos para el 2014 estaba crear mi propio espacio y he necesitado algunos meses y unos textos de práctica para convencerme de que, a veces, lo que hago se deja leer.

Este será el cajón en el que guarde algunas reflexiones, relatos, fotografías, poemas… lo que se me pase por la cabeza. Con banda sonora incluida porque no concibo la vida sin música. A mi parecer, cada experiencia, cada persona, cada lugar, cada instante de nuestra vida lleva asociada una canción o varias.

Porque todo esto forma parte de un sueño, que tal vez nunca se cumpla del todo, pero por el que me apetece mucho luchar. Porque es mejor arrepentirse de lo que se ha hecho que de lo que se nos escapó ante los ojos por miedo. Porque nunca sabemos de qué somos capaces hasta que nos ponemos a ello. Porque no hay que tenerle miedo a nada y menos aún a lo que te hace feliz. Porque “si te sale ardiendo de dentro” no debes esconderlo. Porque quizá mañana sea tarde.

Por todo esto y porque yo siempre he sido muy de septiembre, no podía ser otro día. Ya no hay vuelta atrás. Aquí comienza: Reflejos de mi mirada, mi visión particular sobre el mundo y sus pequeñas cosas, veremos qué sale de todo esto. Solo me queda dar la bienvenida a todo aquel que quiera darse un paseo por mi rincón secreto.